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Judy Scott o el arte de robarle al capacitismo

Judith Scott (Judy Scott) es reconocida como una de las artistas “outsider” (“arte marginal”) más importantes de los últimos años. Nació en 1943 en Cincinnati, Ohio (Estados Unidos) y fue diagnosticada de Síndrome de Down. Al poco tiempo, pasó por una enfermedad infecciosa llamada Fiebre Escarlata, cuya consecuencia fue la pérdida de audición.



Llegado el momento, Judy y su hermana gemela Joyce, tendrían que asistir al colegio. Pero, mientras Joyce ingresó al sistema educativo de una manera relativamente sencilla, Judy comenzó una trayectoria de obstáculos propios de una estructura capacitista y cuerdista. En primer lugar, el acceso a una educación “regular”, incapaz de adaptar currículos, ritmos y estrategias de enseñanza-aprendizaje, para ella estaba directamente descartada. Pero no solo ello: una vez la familia intenta que Judy acceda a la “educación especial”, el propio sistema que se suponía idóneo o adecuado a sus necesidades la consideró “ineducable” por una aparente imposibilidad de Judy para comprender y comunicarse; en concreto, no pasó las pruebas verbales necesarias para entrar al colegio (art 21 judith scott). Como Joyce reconoce posteriormente, si Judy fue considerada “ineducable” fue debido a la ignorancia del propio sistema (que no había detectado su sordera), y no por una injustificada rebeldía o por una incapacidad propia para aprender y relacionarse con el medio. A ojos del sistema, y en un ejercicio de injusticia epistémica, el “silencio” de Judith no podía comunicar ni expresar otra cosa que no fuera deficiencia o mutismo intencionado, con la consecuente exclusión social. De acuerdo con su hermana (en el documental ¿Qué tienes debajo del sombrero?),


“A Judy no la diagnosticaron bien. Su sordera no se menciona en el expediente, hasta 20 o 30 años después, y no aprendió lengua de signos. [Se muestra el expediente mientras continua hablando Joyce]. “Se resiste a hablar y no colabora”. Claro que no habla, pero ellos lo veían como una especie de resistencia. “Puede ser muy terca y a veces se niega a trabajar”. Cuando le hacían pruebas le pedían señalar el círculo rojo, pero claro, si eres sorda…”


Queda la duda de si la situación de Judy habría sido diferente si la hubieran “diagnosticado bien”. En relación con esto, cabe señalar que durante muchos años la enseñanza de lengua de signos estuvo prohibida y perseguida en distintos países (por ejemplo, en Francia hasta finales de los 70), bajo el argumento de que si las personas sordas la utilizaban, nunca aprenderían a comunicarse como las oyentes. Como afirma Emmanuele Laborit, se consideraba “un conjunto de gestos indecente, provocador, sensual, que enardecía a los cuerpos” (El grito de la gaviota).


Una vez desplazada del sistema educativo, la familia de Judy siguió el consejo médico de dejarla en una institución estatal para personas “mentalmente discapacitadas”. Se llamaba “Columbus State Institution”. Judy ingresó a este lugar el 18 de octubre de 1950, a la edad de 7 años. Una vez ocurrido esto, Joyce reconoce: “Creo que cuando Judy fue enviada a la institución había mucho dolor en nuestra familia, un sentimiento de pérdida que no afrontamos. Era como si las puertas se hubieran cerrado. Todos dejamos de hablar de ella, como si hubiera dejado de existir”.


Institucionalización y psiquiatrización de infancias no normativas


Ohio fue el segundo estado de Estados Unidos en establecer residencias-escuelas(-¿manicomios?) específicas para jóvenes con discapacidades a partir de finales de 1800. El Columbus State Institute fue uno de éstos. Son significativos los nombres que recibió dicha institución. Anterior a la década de los 70’s, se llamó Columbus State School (Escuela Estatal de Columbus) (1945-1970), previamente Institution for Feeble-Minded Youth (Institución para la Juventud Débil Mental) (1881-1945), antes Institute for the Education of Idiotic and Imbecile Youth (Instituto para la Educación de Jóvenes Idiotas e Imbéciles) (1878-1881), y en sus orígenes, Ohio Asylum for the Education of Idiotic and Imbecile Youth (Asilo/Manicomio de Ohio para la Educación de los Jóvenes Idiotas e Imbéciles). En aquella época, el alcoholismo era considerado una de las principales causas de la “idiotez” y, tal como ocurriría en el terreno de la locura, se establecían paralelismos entre lo que llamaban “retraso mental” y la criminalidad (según Ohio History Central).


A finales del siglo XIX y principios del XX en Estados Unidos (y aún en la actualidad en muchos contextos), las personas consideradas con “retraso mental” o “discapacidad mental” estaban casi por completo en manos de médicos. Era considerada como tal prácticamente cualquier joven relegada del sistema educativo, y la discapacidad se asociaba y confundía con otras condiciones, como la epilepsia. La esterilización se constituyó como medida eugenésica y la segregación institucional como la única alternativa posible. La definición de “retraso mental” se hacía principalmente a través de un test de cociente intelectual por especialistas de la psicología. Pero no solo eso, más adelante, prácticamente coincidiendo con los años de la segunda guerra mundial (de 1936 a 1945), la detección de “defectuosos mentales” en Estados Unidos fue también realizada por las autoridades migratorias (Over 150 Years of History).


¿Qué sería entonces el “retraso”, la “deficiencia mental”, la “inteligencia límite”? No se sabe y no se supo (“la inteligencia es lo que miden los test de inteligencia”). Lo que es cierto es que con tal pretexto se institucionalizó (y aún ahora en algunos contextos) de por vida a un gran número de personas desde la infancia. En la década en la que Judy empezó a vivir en la Columbus State Institution, la discapacidad intelectual pasó de estar regulada por profesionales de la medicina a estarlo también por el trabajo social. 35 años después, en 1985, Joyce consigue la tutela de Judy y logra que vuelva a vivir en su casa.


"Nosotrxs no somos locxs" / "Nosotrxs no somos discas"


Mientras el uso instrumental de la locura, por parte del sistema médico psiquiátrico, legitimaba la internación en su mayoría de mujeres adultas, la instrumentalización médico psiquiátrica de la “discapacidad” autorizaba la institucionalización desde la primera infancia. Si bien, actualmente se ha extendido el espectro de posibilidad de psiquiatrización de la infancia con el pretexto del "trastorno mental", p.ej. desde los diagnósticos de "trastornos de conducta", "del neurodesarrollo", el "TDAH", "los trastornos de conducta alimentaria", "depresión", etc. Así, podemos apreciar una historia de opresiones y violencias institucionales compartidas hacia locas y discas, en concreto la privación de libertad, la esterilización forzosa y, en general, la negación del estatus de “sujeta de derechos”, así como algunos prejuicios relacionados con la peligrosidad y la supuesta incapacidad para tomar decisiones sobre la propia vida.


No por casualidad, otra de las cuestiones comunes ha sido la resistencia colectiva, en especial a partir de la década de los 60’s con el Movimiento de Vida Independiente, y más adelante, en la década de los 90’s, con la reivindicación del “Nada sobre nosotrxs sin nosotrxs”.


En el desarrollo de las resistencias ante el capacitismo y el cuerdismo, tanto desde el Movimiento de Vida Independiente como desde el Orgullo Loco, han habido puntos de encuentro, pero también una necesidad de diferenciar/especificar las violencias vividas y las estrategias de resistencia de cada colectivo. Por un lado, esto ha llevado a compartir distintas luchas, que van desde abolir el capitalismo como núcleo de opresión común, hasta algunas cuestiones específicas: por ejemplo, adquirir el derecho al voto, derogar la esterilización forzosa y el aborto coercitivo, terminar con las incapacitaciones legales, entre otras. Por otro lado, ha habido una necesidad de diferenciar las barreras concretas que enfrenta cada quien, de manera que sea posible crear cambios legislativos, sociales y políticos que se adecuen a las necesidades específicas de cada colectivo. Pero, en este proceso, se corre el riesgo de construir una identidad política propia y diferenciada a expensas de la estigmatización del otro. Por ejemplo, si activistas locxs intentan diferenciarse del colectivo de la diversidad intelectual re-afirmando “nosotrxs no tenemos 'inteligencia límite'”; y, viceversa, si activistas de la diversidad intelectual o funcional explican que ellxs no merecen ser tratadas 'como si fueran personas locas’.


¿Qué tienes debajo del sombrero?


Un año después de la muerte de Judith (en 2006), Lola Barrera e Iñaki Peñáfiel estrenan un documental sobre su vida llamado ¿Qué tienes debajo del sombrero? El film empieza relatando en palabras de Joyce los primeros años de Judith, hasta llegar a su vida adulta, cuando sale del Columbus State Institute y se muda a California. Aunque quizá en lo que más se centra el documental es en el desarrollo artístico de Judith en el Creative Growth Art Center de California; lugar donde, a través de casi 20 años, realizó distintas obras de arte (específicamente esculturas) que la llevaron a ser reconocida como una de las exponentes de “arte marginal” (¿marginal?) más importantes.


Desde nuestra lectura, en el documental se pueden apreciar distintas cuestiones sobre las coyunturas entre un sistema cuerdista capacitista, y el arte y su comercialización:


El capacitismo privilegia ciertos sentidos para interactuar con el entorno, desestimando lenguajes por ejemplo no verbales


El documental muestra cómo durante su trayecto en el Creative Growth Art Center, Judy se relaciona libremente con el entorno y con lxs demás a través del tacto, principalmente. De hecho, sus esculturas resultan llamativas en parte porque se conforman de la acumulación de objetos. Su actividad artística en el Centro hace evidente cómo las evaluaciones más clásicas de la “inteligencia” (que terminan por definir muchas veces lo que se considera “discapacidad intelectual”) están centradas en la palabra verbal o escrita, desestimando la comunicación a través de otros lenguajes o la expresión a través de otros sentidos.


La interpretación de los especialistas del campo psi como paso obligado para que el arte (de Judy en este caso) tenga sentido


En el documental, es constante la aparición de profesionales de la psicología interpretando la conducta y la expresión artística tanto de Judy como de otras personas que asisten al Centro. Las explicaciones van desde posibles necesidades subjetivas de lxs artistas, hasta análisis detallados de por qué los trazos y las esculturas se realizan de una forma o de otra. Se vuelve así notoria la necesidad sociocultural, tan naturalizada y automática, de interpretar a partir de lenguajes psí lo que la cordura y el capacitismo no entienden. O dicho de otro modo, la necesidad de interpretar en términos cuerdistas lo que evidentemente se escapa de ese registro.


La asociación entre genialidad-arte-discapacidad y cuando desde el capacitismo y el elitismo artístico se consume como “porno inspiracional


En una de las escenas del documental, varias personas asisten a una exposición en donde se encuentran las esculturas de Judy junto con los trabajo de algunxs de sus compañerxs. Un hombre las observa mientras comparte en voz alta una reflexión, en un ejercicio que a nuestro parecer es pura violencia capacitista:


“A veces es un poco sorprendente, yo me considero un artista también y pienso que me esfuerzo mucho. Y ver gente que aparentemente es más básica en su forma de sentir, en lugar de ser tan intelectual, me hace sentir avergonzado. ¡Es un poco embarazoso! Tendría que hacer las cosas más sencillas.”


Por otro lado, el documental deja abierto el interrogante sobre hasta qué punto Judy fue partícipe del propio proceso de comercialización y distribución de sus obras y las ganancias generadas… Pero este no deja de ser nuestro interrogante, quizá nuevamente capacitista. En todo caso, como se muestra en el documental, Judy supo robarle al mundo capacitista lo que siempre le perteneció.



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Orgullo Loco 2019. Barcelona.

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