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La colonialidad de la cordura y las luces de gas de la modernidad: una entrevista a Sua


Foto de Sua

Sua es una persona curiosa especializada en saber un poquito de muchas cosas; se ha acompañado siempre del arte entendido como un quehacer relacional. Nombra su práctica como “inextricable” porque no se puede desenmarañar con todas las esferas de su vida. Investiga y activa desde temas-intereses-experiencias como la (des)colonialidad, los sistemas de dominación y el control coercitivo; la neurodiversidad, la locura, la justicia de la discapacidad y las prácticas somáticas; las habilidades milenarias y la ecología; entre otras. Desde la Lokapedia nos reunimos con ellæ para conversar en torno a la colonialidad, la locura, las luces de gas, el arte y la memoria.

 

Nos gustaría empezar por conocer un poco más de ti y tu arte relacional….

 

Soy una persona muy curiosa que ha estudiado muchas cosas, aunque sin una profesión en concreto. Lo que sí siempre me ha acompañado es el arte. Alguna vez le dije a un estudiante mío que yo quería hacer de mi vida una obra de arte; ni siquiera pensando en producir objetos sino con inspiración en el “arte y cambio social” como corriente artística. Por ahí fue donde empecé a entrar en el “arte relacional”, que es básicamente hacer proyectos con otras personas, y que no parecen arte. El resultado no es la meta, sino el proceso. De cierta manera, el arte es cómo nos relacionamos. Y después de leer y sumergirme en el “hoyo negro” de la descolonialidad, conocí algo que alguna vez le escuché a Yuderkys Espinosa: las ontologías relacionales, lo cual es entender, percibir y actuar la vida desde una perspectiva relacional. Y pues, he hecho un poco de todo, pero lo único que me ha faltado es poder escribir todas las ideas y todos los conceptos que he ido aprendiendo y todo el tejido que he ido haciendo con mi propia investigación. Me ha faltado poder plasmarlo en palabras. Eso es tal vez la mejor manera de describir quién soy yo: esta persona que es hiperdispersa y también hiperfocal.

 

¿Qué es lo que te acercó al movimiento loco?

 

La pandemia, en realidad. Buscando respuestas o pistas para entender mis propias experiencias. Yo creo que algo que no se le reconoce lo suficiente a las personas discas, locas y neurodivergentes, o neuroemergentes o neurodisidentes, son las estrategias que llevaban décadas desarrollando para poder darse apoyo mutuo. Porque cuando sucedió la pandemia, el sistema-mundo en el que vivimos comenzó a funcionar gracias a todas estas iniciativas que las personas discas llevaban décadas poniendo en práctica. A través de la pandemia, y de que todo fue virtual, me encontré con el Círculo de Feminismo Loco Latinoamericano. Ya llevaba rato leyendo cosillas, pero con la pandemia, en redes empecé a ver más del tema disca, del paradigma de la neurodiversidad y de la locura. No fue hasta de verdad vivirlo… porque una cosa es leer sobre Estudios Locos y otra cosa es estar en un grupo de apoyo mutuo con gente loca, disca, neurodivergente, autista, y de verdad entenderse y hablar y eso, que es una manera de generar conocimiento también, no nada más el apoyo.

 

¿Desde el inicio has tenido la inquietud de conectar la locura con la descolonialidad? ¿Por qué?

 

Bueno, entré primero al tema de la descolonización (no de la descolonialidad) porque estaba todavía queriendo escribir una tesis para un programa que eventualmente abandoné (esa es otra historia, es un culto). Y a partir de ahí me encontré un artículo que hablaba de la descolonización de la percepción y por ahí empecé a leer más sobre descolonialidad.

 

Durante la pandemia me encontré con el Proyecto Ícaro, y leer sobre descolonialidad era un proceso paralelo. Al inicio tal vez no era tan explícita la conexión entre descolonialidad y locura, pero lo que sí fue súper importante para mí fue que al leer sobre la descolonialidad mi experiencia de vida comenzó a tener sentido. Fue como: “Ahora entiendo por qué he vivido lo que he vivido, por qué la gente me ha tratado como me ha tratado, ahora entiendo por qué la gente ha respondido de la manera como ha respondido a ciertas actitudes mías, y por qué me he comportado como me he comportado…”, como que todo comenzó a tener sentido. Y entonces la descolonialidad se volvió esta base de mi perspectiva, donde yo podía decir, por ejemplo, en el paradigma de la neurodiversidad: “Ok, las personas neurodivergentes o autistas, etc., viven violencias porque hay una norma de comportamiento “(neuro)típico””. De esa manera me hizo sentido también que lo que se me había enseñado sobre la locura era desde una perspectiva específica. Cuando comencé a tener la base de la descolonialidad, y al ser proceso paralelo de leer y entender mi propia experiencia de locura, fue como: “Ok, hay que darle toda una vuelta a esto, tengo que verlo desde otro punto”. Y sobre todo porque yo en 2018 tuve mi primer delirio, fue un delirio posparto, fue de terror y no había nadie que me pudiera ayudar a darle sentido a mi experiencia. Como nos sucede sobre todo a las personas que no tenemos una red donde haya gente con experiencia en primera persona de locura, yo me quedé así como que: “Es que no sé qué hacer con esto”. Ahí todavía no me reconocía como autista.

 

Entonces también fue una búsqueda para mí en el sentido de tratar de entender por qué yo había vivido lo que había vivido en mis delirios, por qué la gente me había tratado como me había tratado, qué sucedió cuando estuve en el ala psiquiátrica del hospital, los diferentes niveles de peligrosidad que se me adjudicaron, los policías, ese tipo de separación de “primero tienes que entrar aquí” (era como un calabozo), y luego a otro, y eventualmente estás en otro sin explicación… Todo esto de haberme sentido incluso, en el primer delirio, como un animal, en donde nada tenía sentido. Digamos que el sentido común lo perdí… lo perdí y de pronto estaba en un lugar donde todo era blanco, todas las paredes eran blancas, todo el mundo estaba vestido de blanco y me querían inyectar, y yo me sentía literalmente como un animal cautivo, que no entendía qué estaba sucediendo y no entienda qué me querían hacer, porque literalmente no sabía qué estaba pasando y sólo hubo una doctora que intentó conectar conmigo, diciéndome: “Sólo es ansiedad, no estoy alarmada. Tengo una mascarilla porque hay un catarro circulando”. Fue como si ella entendiera, porque las demás personas sólo ejecutaban su trabajo.

 

Habiendo tenido esa experiencia en 2018, y luego habiendo empezado a leer y meterme de lleno en la descolonialidad en 2019 o 2020, pude hacer esa conexión; decir: “Ok tengo ya esta base, tengo ya estas palabras, este lenguaje, este ‘marco teórico’ que me permite darle un poco más de sentido a mi experiencia de delirio”. Y eventualmente, cuando ya conocí a gente que tenía experiencia de delirios, o por lo menos gente con compas que tienen experiencia de delirios, fue como: “Ok, ya tengo con quien darle más sentido a esto”. Que igual ya pasaron muchos años y sigo encontrándome con más capas de sentido, porque de igual manera siento que nos falta acompañamiento en nuestros procesos de locura. Una “doula de discapacidad” o ”doula de locura” (que en realidad eso ya se está hablando desde la justicia de discapacidad, yo se lo he escuchado y se lo he leído a Leah Lakshmi). Una persona doula acompaña el proceso de embarazo, parto y posparto, y siento que sería bonito también tener estos roles en la locura ¿no? De: “Ok vamos a acompañar estos procesos de lo que sea que esté naciendo de nosotres a través de la locura”. Aquí hago un paréntesis, porque una compa, Valu, me dijo que el término “doula” es cuestionable, porque era un rol que se le asignaba a personas afrodescendientes esclavizadas.

 

Otra pregunta… ¿Cómo encajan, en estas respuestas que fuiste encontrando, la “cordura” y el “cuerdismo”?

 

Curiosamente, las primeras críticas que yo escuché respecto a la racionalidad y a la Razón fueron en ese pseudo programa académico que es en realidad un culto, en donde se criticaba cómo Descartes hizo esta separación de la mente y el cuerpo. Pero luego me metí a leer un texto de Ramón Grosfoguel, en donde justamente habla de esa separación, y de la secularización de Dios y de la religión hacia la Razón y la ciencia. Como si la ciencia y la Razón se hubieran convertido en el nuevo Dios y todas las otras maneras de saber y conocer continuaron siendo marginalizadas, especificamente hablando de pueblos originarios. Digamos que la Razón, en ese entonces, se convierte en la justificación de todos los “ismos” que ya existían, y que hoy todavía arrastra la ciencia. Por ejemplo, el racismo ya no era religioso, sino científico: el racismo primero estaba justificado a través de un Dios que decía que se podía someter a determinadas personas "sin alma" y que ni tenían categoría de “persona” durante la colonización, como lo dice Karina Ochoa, y luego, a través de la secularización hacia la Razón, cambió el empaque pero la creencia de superioridad continuó. Ahora utilizando la capacidad de "razonar" como hilo conector en el sentido de que se creía haber comprobado que unas personas eran más capaces que otras (capacitismo) a través de, por ejemplo, medirles el cráneo. Se consideraba la prueba de que unas personas debían continuar dominando y otras siendo dominadas. Con otras palabras, ¿verdad? Porque la modernidad niega el sistema de dominación en el que vivimos. Y eso es justo la colonialidad; el lado escondido de la modernidad.


Me gusta pensar o imaginar el paradigma en el que vivimos como una construcción, como esa capilla famosísima en el Vaticano. En las cúpulas hay piedras angulares desde donde salen los pilares, pero siempre hay una piedra que es la última que se pone en la cúpula y es la que mantiene toda la bóveda; si tú le quitas eso se cae. Para mí esa piedra clave en el sistema-mundo de dominación en el que vivimos, es ahora la Razón, porque si tú le quitas la Razón al paradigma en el que vivimos, todas las justificaciones respecto a por qué debemos vivir así, se caen. Como antes era el Dios cristiano católico que siendo realistas, la dominación a través de su nombre sigue presente. Me parece que la habilidad de "razonar", en el sentido descriptivo de "considerar" la información que se nos presenta, es importante. Pero la Razón como sistema único de pensamiento se ha utilizado como la herramienta que termina toda discusión que no cumpla con los requisitos de ser "racional". Y entonces vemos cómo esta herramienta se utiliza para justificar acciones violentas, una vez que se sistematiza. Por eso tenemos una ciencia que violenta a personas que viven procesos de locura, delirios y brotes. Porque nos salimos de la norma racional. Somos "anormales" y se cree que necesitamos, primero, sometimiento, y luego, corrección. Esa lógica se enseña entre líneas a través del concepto de la disciplina en las escuelas, por ejemplo. Y a través de las ramas de la salud mental, la psicología, la psiquiatría, a menos que las personas practicantes estén informadas respecto a la violencia, incluyendo la sistémica y sistematizada. En mi experiencia, estas personas han sido casi nulas, aunque noto que generaciones más jóvenes, particularmente en la psicología, ya lo tienen identificado. Pero la escuela para mí fue lo mismo: mis comportamientos subversivos eran anormales, y castigados, simplemente porque el sistema de educación me parecía injusto desde la primaria. Y desafortunadamente, mi hijx ha tenido algunas de esas experiencias también. Las cosas no han cambiado del todo en estas décadas. 


Entonces, para mí la locura (y reivindicar la locura) es político por muchas razones, pero también porque es tirarle “directo al blanco” a esa piedra clave de este paradigma que utilizando la Razón, justifica la destrucción en nombre de la vida (moderna). Y luego quienes concuerdan con esto dicen: "es que sí es absurdo, de hecho es irracional y va en contra de la Razón" y regresamos al mismo punto. El problema es que la Razón se considera como el único modelo reconocido para saber, para conocer, para reflexionar, y los saberes encarnados como lo son los delirios y la locura, son descartados como anecdóticos y simplemente, experiencias fuera de lo común. Considero que las personas que vivimos estas experiencias estamos procesando muchas de las contradicciones y violencias que suceden a nivel sistémico, cultural, y que vivimos en carne propia, y en vez de escucharnos para tomar acciones frente a un sistema basado en la dominación, de la misma manera en la que no se escuchan a las infancias o personas jóvenes por "inmaduras", se descartan nuestras contribuciones. Porque no tenemos nuestro uso completo de "Razón". Creo que es difícil expresar y explicar esto cuando es un dolor encarnado y violencias sistémicas para las cuales aún faltan palabras o hilar palabras que ya existen, pero por ahí va.


María Lugones (que fue quien hizo la contribución de la “colonialidad del género”, porque eran en su mayoría hombres escribiendo sobre la descolonialidad) nombró cómo el género y el racismo no se pueden desenredar, están conectados intrínsecamente, se construyó uno en base al otro. Y a partir de ella, otras personas van nombrando diferentes colonialidades que también están imbricadas. Entre ellas, la “colonialidad de la capacidad” (por ejemplo, Paula Mara o Marcela Betariz), y de ahí yo creo que también se puede nombrar en paralelo la “colonialidad de la cordura”. Porque, aunque el capacitismo lleva muchos años existiendo (incluso antes de la colonización, porque este modelo civilizacional proviene de los romanos, y Sonia Marsela Rojas Campos, quien hace una genealogía de la capacidad, dice que bajo leyes espartanas mataban recién nacidos “anormales”), en LA colonialidad, el lado oculto de la modernidad, todos estos conceptos de capacidad heredados, siguen influyendo en nuestras vidas. El capitalismo está construido sobre el capacitismo, en donde si tú no eres un ser productivo, no tienes valor. Y muchas veces, la discapacidad no nos permite llevar a cabo la productividad. El capacitismo, y el cuerdismo, tienen un “rol” que afecta a todo el mundo debido a la expansión global de este modelo de vida. El capacitismo y el cuerdismo consideran a las personas discapacitadas o locas, desechables. Y no hay que ser persona discapacitada o loca para vivir el capacitismo o el cuerdismo. La presión que existe en los ambientes laborales respecto a la productividad, por ejemplo, es capacitismo.


Pero regresando al punto... entonces está interconectado tanto el “género” como la “raza”, la “clase”, la “capacidad” (entre comillas porque son una ficción desarrollada para dominar, y que tiene efectos materiales), incluso el “alismo” que se refiere a las violencias hacia personas autistas desde una neuronorma, el “cuerdismo” (la violencia hacia las personas irracionales o locas)… todas esas normas se justificaron en algún momento a través de la ciencia, la cual está enraizada en la Razón, y aún se utilizan para coercer a la gente a nivel cultural. Porque aunque reconozco que algo fundamental de la ciencia es que se revise, los cambios de paradigma son lentos, y mientras cambian, las violencias continúan. Y mientras tanto, la Razón, la racionalidad, sigue siendo la piedra clave porque es la raíz desde donde nacen todas esas justificaciones que aún no se reconocen como equivocadas, y las que comienzan a diseminarse como equivocadas, en algunos casos están demasiado enraizadas en la población como para tener un giro a favor de la dignidad, en la vida diaria. 


A la gente todavía le cuesta mucho trabajo (a menos que tenga experiencia de vida en primera persona, o que tenga a una persona cercana que sea parte del movimiento loco, del paradigma de la neurodiversidad o del movimiento disca) considerar la locura como algo más allá de la peligrosidad. Dicen: “Ay es que está loco”, y se equipara la locura con la violencia o la locura con comportarse de cierta manera. Justamente porque si no hay Razón, se asume que la persona no tiene “compostura”… Si no hay Razón, este paradigma se cae, este sistema-mundo se cae, y la gente le tiene pánico a eso, porque se nos indoctrinó de una manera en la que nada tiene sentido sin la Razón. Como si la Razón fuera la única manera de darle sentido a las cosas. Incluso algunas personas que acuerpan desde la descolonialidad son cuerdistas, dicen que la modernidad es una locura… Pero la Razón es una manera reciente, en términos geológicos, de entender la vida. Las personas han vivido en este planeta mucho más tiempo de lo que la Razón, como sistema de pensamiento, ha existido.

 

Y, por ejemplo, algo que nos ha interesado desde el inicio en la Lokapedia es la memoria. La memoria histórica, la memoria colectiva, su recuperación, el mantener viva una memoria desde perspectivas críticas, feministas, antirracistas, etc. de las experiencias locas. En otros momentos te hemos escuchado hablar también de la memoria, ¿cómo la conectas con todo esto?

 

Primero que nada, se me hace súper importante decir que esta lucha es primordialmente desde los pueblos originarios que llevan siglos luchando por defender su memoria colectiva. Pero también tengo que reconocer que en mi propio linaje se borró la memoria de todas las personas que fueron dominadas. No sólo de pueblos originarios de este territorio, sino de mis ancestrxs del pueblo vasco, y otras personas de las cuales ni siquiera estoy consciente. Habiendo dicho esto, menciono de nuevo lo de la negación de la dominación en la modernidad. Es un texto Rolando Vázquez dice que básicamente la modernidad es la exclusión de todo lo que no cabe dentro de la norma moderno-colonial, y luego niega esa exclusión. Entonces es una doble negación, que son luces de gas. Mi propuesta en ese sentido es entender la modernidad como luces de gas, pero a nivel cultural y global. Y otra cosa que también dice Rolando Vázquez, en un texto con Daniel Chávez, en donde se habla del performance de Daniel Chávez sobre los 43 estudiantes de Ayotzinapa, es sobre el cuerpo relacional. De cómo una vez entendido desde una perspectiva relacional, ya no es un cuerpo individual, sino que el presente y la presencia de nuestro cuerpo desborda la concepción moderna del tiempo. El cuerpo se empieza a considerar un sitio de recuperación de memoria.

 

El cuerpo relacional es el pasado, es el futuro, es la conexión con nuestres ancestres, pero también con todo lo que nos hace, nos ha hecho y nos hará ser quienes somos. Tenemos un entendimiento del tiempo que es moderno (como que el presente es lo único que existe) y esa es una manera de borrar la memoria también. Entonces como proyecto, la modernidad es un borramiento de memoria, y como una indoctrinación viene con luces de gas para poder lograr una coerción que a veces es por fuerza y a veces es por persuasión. Creo que justamente una de las herramientas principales de la modernidad son las luces de gas.

 

Yo viví luces de gas prácticamente toda mi vida en diferentes círculos y más recientemente con un no-amigo que me hizo unas luces de gas durante tres meses, jugando con mis paranoias. Ahí comencé a entender las luces de gas como un atentado en contra de la memoria, porque las luces de gas lo que hacen es generar confusión en nosotres, empezamos a dudar: “Uy, ¿esta es la realidad o no es la realidad? ¿qué es lo que está pasando? ¿esta persona está haciendo lo que creo que está haciendo o no? porque en realidad no parece ser la persona que yo conocía…”. Este estado de confusión, a mí por lo menos no me permitía “archivar” la experiencia y la circunstancia en mi memoria. No podía pasar del presente para ponerlas en la memoria porque no entendía qué pasaba. Eso para mí es una violencia hacia nuestra memoria. Se me dejó colgando en esa circunstancia, en esa experiencia, a la que yo simplemente no podía darle carpetazo, porque era como un archivo abierto que seguía y seguía y seguía pasando.

 

Entonces, de esta manera, las luces de gas son un atentado en contra de la memoria. Si hablamos de la modernidad y de la doble negación de la que habla Rolando Vázquez, entonces prácticamente estamos viviendo en el archivero de las luces de gas constantes. En donde se nos dice desde niñes que el mundo es así, que las cosas son así porque no sé qué, aunque no tengan sentido. Además, con esta suposición de que el cuerpo y la mente están separados, cuando se habla de abuso o se habla de violencia, entiendo que sigue siendo necesario diferenciar entre violencia física y violencia psicológica o violencia emocional, para poder desenredar las acciones violentas. Pero la memoria la tenemos en el cuerpo, entonces un atentado en contra de la memoria es un atentado al cuerpo también. No es únicamente en contra de la mente porque la memoria está en el cuerpo y la violencia se siente en el cuerpo también, aunque sea “psicológica”.

 

O, por ejemplo, este no-amigo, uno de los días de las luces de gas más nefarias que he visto, estaba azotando cosas alrededor de mí. Este es un atentado que se puede entender como psicológico, pero yo esos sonidos los sentía en el cuerpo porque el sonido es vibración. Él me generaba esas luces de gas porque me sonreía, pero estaba haciendo esas cosas, y yo no podía comprender qué estaba pasando, pero lo sentía en el cuerpo, entonces, aunque físicamente no me tocó me estaba tocando a través de vibración y de sonidos. Mi propuesta también es que la violencia mnemónica (que “mnemónico” es “pertinente a la memoria”), como son las luces de gas, es una violencia física también, no solo una violencia psicológica. Porque somos cuerpomentes, como se propone desde el movimiento de la discapacidad.

 

Pero, además, es una violencia capacitista porque es discapacitante. Valu le llama “neurogaslighting” o “neuroluces de gas”: si fuéramos como computadoras, el “RAM” se satura, y entonces ya no podemos más. Es como estar tratando de funcionar en un estado abrumador y colapsamos… sobre todo quienes somos autistas. Es una saturación y la única manera de lograr recuperarnos es pausar todo, pausar la percepción a través de todos los sentidos.

 

¿Tú crees que tiene relación la violencia mnemónica con la violencia psiquiátrica?

 

Definitivamente, porque como decía, en mi primer delirio yo dejé de entender las convenciones sociales, o sea, las convenciones sociales dejaron de tener sentido para mí. Y lo que hizo la psiquiatría en ese momento fue una coerción persuasiva en el sentido de que hasta que yo no me comportara según el “sentido común”, no me iban a dejar salir. Fue una violencia coercitiva también por fuerza, porque te encierran, pero la coerción persuasiva es de esa que te la dicen sonriéndote, haciéndote pensar que es “por tu bien”. Y para mí eso también es bastante nefario porque son luces de gas al final. Te están forzando algo que tú no quieres hacer, que no tiene sentido para ti, pero te lo dicen con una sonrisa y no hay otra salida más que comportarte como te dicen.

 

Además de que de por sí yo estaba en un delirio, en donde todo era exaltado, en donde yo estaba haciendo mi propia historia tomando esas cosas que yo estaba viendo… y de pronto, salían estos dobles mensajes o mensajes conflictivos… “Me están diciendo algo que a mí no me parece o que me parece violento, pero me lo están diciendo con una sonrisa”. Totalmente confuso. Entonces sí, yo creo que de esa manera la psiquiatría funge para mantener la norma. Y lo hace también a través de los atentados contra la memoria y negando el conocimiento que surge a través de los brotes y delirios.

 

Valu (y seguramente otras personas con las que no lo he hablado) considera los brotes como epistemología también… como una manera de generar conocimiento. Yo sentía que había cosas importantes que quería hablar, conocimiento que se estaba generando a través de mis delirios, y lo que hacia la psiquiatría era como ponerle un tapón a ese manantial que estaba emanando: “No, hay que taparlo”, “Lo que estás pasando es un efecto que tenemos que aplacar con estos medicamentos, y hasta que no estés ‘bien’ no te puedes ir”. Y yo: “Es que yo estoy bien, los que no están bien tal vez son ustedes que me están encerrando por tener un brote, un delirio, o no tener sentido común”. Es la negación de la que habla Rolando Vázquez: la modernidad niega las cosas que están fuera de la norma, y luego niega que lo niega, posicionándose así como la norma absoluta.

 

Si de por sí es difícil cuando niegan tu existencia, en un estado de conciencia que no es parte de la realidad consensuada es como una tercera capa de negación, y esa es una herida muy fuerte. Herida en el sentido no psicologizado del “trauma” (porque la raíz de la palabra “trauma” es “herida”). Es herida sobre herida, sobre herida, y son capas y capas y capas de heridas que se van haciendo callo, pero la herida sigue ahí, no cicatriza, la herida se va encallando. Se re-siente a través de todas esas capas cada vez que volvemos a encontrar una circunstancia que nos active esa herida.

 

Nos queda poco tiempo, queríamos preguntarte sobre esto otro que también a veces mencionas: la “autodefensa mnemónica”.

 

Está bien que cerremos con este tema porque llevo rato dándole vueltas a una autodefensa que no sea física. Todo el mundo entiende la autodefensa como algo que haces con el cuerpo cuando alguien te está atacando, a tu espacio personal, físicamente hablando. Pero lo que a mí me hubiera encantado tener al crecer son herramientas de autodefensa que en un inicio le estuve llamando “autodefensa sentipensante”, también retomando el sentipensar del que se habla desde la descolonialidad y desde comunidades originarias de estos territorios. Primero que nada, porque existe esa unión entre el cuerpo y la mente, entonces cuando alguien te abusa psicológicamente te afecta emocionalmente y sentimentalmente y al cuerpo también. Porque es en el cuerpo donde sentimos los efectos psicológicos y las emociones.

 

Inicialmente yo la veía como una autodefensa que incluye reconocer luces de gas, reconocer falacias, pero ahora me parece que tiene que ir mucho más allá. Recordaba algo que me dijo mi psicóloga, que es autista y la aprecio enormemente. Ella me validó algo que yo venía pensando hace rato: que yo no necesariamente escucho voces por el oído, pero sí tengo ecos en forma de pensamientos que no genero yo, incluyendo ecos relacionados con memorias que rebotan, de cosas que se me han dicho a lo largo de mi vida y que me han hecho mierda. Se me quedaron ahí como ecos, aunque no son los únicos ecos que escucho… entonces sí escucho voces partiendo de esa definición. Y me pareció súper interesante que en uno de los últimos momentos que tuve una ideación suicida escuché un claro: “¡No!”. Como si fuera un ¡No! rotundo de una voz que es nueva y que le estaba contestando a todos esos ecos de mi memoria en el día de hoy. Fue como si mi psicóloga hubiera hecho una intervención mnemónica en mí: en mi memoria me estaba ayudando a autodefenderme de todas esas voces que internalicé de todas las personas que me fueron violentando. Me pareció increíble esa forma de intervención que va más allá del tiempo como lo entendemos desde la modernidad. Desde su voz y el eco que generó en mí, mi psicóloga entró a mi pasado a través de mi memoria mentecorporal para darme la defensa que yo nunca tuve en esos momentos que aún me atormentan.

 

De cierta manera, una autodefensa mnemónica también funciona así. No es necesariamente algo que podemos hacer en el presente cuando se esté atentando a nuestra memoria, sino que se puede intervenir desde la memoria. Creo que los grupos de apoyo mutuo también tienen la posibilidad de intervenir en nuestra memoria a manera de autodefensa. Desde el “presente”.



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Te iba a preguntar justo sobre esa idea de autodefensa desde lo colectivo y en lo que tiene que ver también con lo histórico… Al escucharte pensaba en la recuperación de memorias que aparentemente son individuales pero que al retomarlas resulta que también forman parte de tu cuerpo, de tu biografía, de tu historia. Y después también pueden salir en tus experiencias a modo de protección y de crear sentido. Pensaba en la propia justicia disca y los movimientos en torno a la locura y la neurodivergencia como parte de este proyecto de autodefensa desde la memoria colectiva.

 

Sí, solo decir que estoy de acuerdo.

 

Es precioso cómo fundes toda la parte de memoria individual e interrelacional con la memoria colectiva e histórica, y con las secuelas. De la misma forma que un cuerpo es relacional, la memoria también es relacional y social, y se hilvanan… con la propia autodefensa, que no deja de ser defensa sin “auto”, no deja de ser defensa en interacción y en colectivo.

 

Sí, y para conectar voy a hablar rápido de cultos. Yo soy sobreviviente de un culto en específico, pero también de relaciones “cúlticas”. No porque sean como el estereotipo de un culto que es religioso, etc. etc. Hay lugares de trabajo que son cultos, hay grupos de amigos que son cultos, hay colegios que son cultos (y que me vengan a perseguir porque no les gusta que les llamen culto…). Lo curioso es que todos estos cultos tienen un común denominador: están modelados replicando relacionalmente la colonialidad y la modernidad.

 

Mi propuesta de perspectiva es que vivimos en un culto, que la modernidad es un culto que niega serlo, porque recuerden que estamos en la doble negación de la modernidad. Es un culto y por eso existen cultos más pequeños, y por eso existen cultos dentro de cultos. Y por eso no funcionan por ejemplo estas comunidades que les llaman “intencionales”: acaban explotando porque funcionan como cultos, porque no se cuestionan la unidad más básica, que es la relacional. Siguen organizándose replicando relacionalidades del culto de la modernidad universal en la que vivimos.

 

Entonces, lo que me gustaría también contribuir en esta conversación es en proponer una autodefensa colectiva frente al culto de la modernidad, que es tan insidiosa porque comienza desde la familia y la escuela. Si tú no llevas a tus hijes a la escuela, aquí por lo menos en Costa Rica, te pueden quitar a tus hijes. ¿Qué más culto que eso? Que te quiten a tus hijes porque no estás de acuerdo con el sistema educativo de la modernidad. Y tenemos el ejemplo desgarrador de lo que hicieron los colonizadores en nombre de la religión en escuelas residenciales en “Canadá”, en donde recientemente encontraron una fosa común de niñes. Tenemos ese ejemplo clarísimo de cómo la modernidad y la colonización fungieron como grandes cultos, con sus propias herramientas y estrategias mortales. La coerción física y la coerción persuasiva siempre han estado presentes, son de las herramientas centrales. El control persuasivo es un concepto a través del cual se describen las relaciones cúlticas desde los estudios cúlticos (otro de mis intereses especiales). Es esa coerción que dices “esto es coerción”, pero te lo están haciendo con una sonrisa, o con un regalito, pero no deja de ser forzado. Por eso insistiría, como forma de autodefensa colectiva, en identificar la coerción, identificar procesos de dominación a través de la coerción, sea por fuerza o persuasiva, que estén sucediendo ahora o incluso en retrospectiva.

 

¿Cómo hilas todo esto con lo del arte relacional?

 

Al final el arte relacional son intervenciones a nivel relacional, a nivel de tejido relacional, a nivel de tejido social. Yo refiero siempre a un gráfico del “mapa de ecosistema del cambio social”. Al centro tiene los valores, por ejemplo: justicia, liberación. Y de esos valores surgen roles: tejedores, visionaries, constructores. Hay uno que es “disruptores”, e disruptir o interrumpir es algo que a mí me gusta mucho porque siento que muestra las grietas de los lugares en donde me encuentro. Y mostrarle las grietas a la gente es inmediatamente una intervención relacional, pero también una intervención en el sistema relacional colectivo que llega a nivel personal. De cierta manera, parte de mi arte relacional es interrumpir o disruptir.

 

De hecho, ahí viene el nombre de tu proyecto “grita ruderal”, ¿no?

 

Sí. Lo ruderal son esas plantas espontáneas que surgen cuando el suelo ha sido intervenido de una manera lastimera. Las plantas ruderales son las primeras que llegan a empezar a trabajar el suelo para prepararlo para la sucesión de las plantas que van a venir. Si antes era un bosque, por ejemplo, las plantas ruderales van a ir preparando el suelo a través de diferentes familias de plantas y especies, para darle la bienvenida a la siguiente generación, y así se da la regeneración.

 

Yo juego con el concepto de lo ruderal como un oxímoron, o contrariamente, con una grieta. Porque creo que lo que hace falta es agrietar este sistema ruderalmente, interviniendo, interrumpiendo, disruptiendo. Y una de las maneras que yo creo más poderosas, es la autodefensa colectiva frente al culto de la modernidad, porque una vez que las generaciones logren defenderse consistentemente del ser indoctrinadas con la modernidad como único paradigma, se va a ir agrietando el sistema más y más y más. Obviamente no es lo único que hay que hacer. Hay muchos otros trabajos por hacer. Todo esto va a dar espacio para “mundos otros”, como los llamaba María Lugones, que ya existen y que nunca dejaron de existir, pero nos vendrían bien unos más ¿no?

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Orgullo Loco 2019. Barcelona.

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