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Elise Cowen: Muerte, ya llego, espérame

Marta Mar




Elise Cowen es una más de las poetas de la generación Beat que fueron marginadas, hasta que décadas después de su muerte, su poesía sale de donde estuvo escondida (había solo poemas sueltos publicados en algunas revistas) y es publicada su obra completa en 2014 (Elise Cowen: Poems and Fragments). En 2023, su obra ha sido traducida por la editorial Torremozas (Dejadme salir, dejadme entrar).


Generación Beat y mujeres


La generación Beat nace a mediados de 1940 y llega hasta principios de 1960, siendo su momento álgido la década de los cincuenta. Con frecuencia, los análisis acerca de esta generación se centraron en sus figuras masculinas: Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Neil Cassady, William Burroughs, Gregory Corso, Lawrence Ferlinguetti o Gary Snyder. Pero también hubo mujeres, que fueron posteriormente reconocidas. Así en 1996, Brenda Knight publica el primer libro que las da a conocer. Entre ellas tenemos a Denise Leverton, Leonore Kandel, Elise Cowen, Diane di Prima, Hettie Jones, Joanne Kyger, Ruth Weiss, Janine Pommy Vega, Mary Norbert Körte, Anne Waldman, Marge Piercy y tantas.


La generación Beat fue un movimiento artístico y contestatario, formado sobre todo por poetas, ante los valores predominantes estadounidenses de los años cincuenta, cuya forma de vida trataba de romper con los pilares que se ofrecían a la sociedad estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial (conformismo, capitalismo, consumismo, homogeneidad). Hay que tener presente que, para las mujeres, fue un periodo importante, ya que de alguna manera, fueron devueltas al hogar, tras un tiempo marcado por sus roles como trabajadoras, ya que los hombres habían vuelto de la guerra.


Relacionadxs con la experimentación con las drogas, la sexualidad, la locura, el interés por el presente o por lo espiritual, en esta generación, arte y vida estuvieron poderosamente unidos. Desde la poesía se trataba de buscar la belleza en aquello que aparentemente no lo tenía, la espontaneidad, la validación de la experiencia personal. El lenguaje era una herramienta política para lograr el cambio y se usaba de manera coloquial.


Algunas referencias a esta generación las encontramos en sus integrantes. Así, Kerouac dice:

“éramos una generación de furtivos. Con el reconocimiento de que no teníamos la necesidad de demostrar nada, ‘públicamente’, me refiero, una especie de hastío –quiero decir, todos sabíamos ya dónde nos encontramos- y un agotamiento con todas las formas, todas las convenciones del mundo... Así que, imagino que podríamos decir que éramos una generación abatida” (en Belletto, 2017, p.4).


Y, haciendo más énfasis en el papel de las mujeres, Brenda Knight (Women of the Beat Generation):


“Las mujeres de la generación Beat estaban cortadas por el mismo patrón que los hombres: temerarias, airadas, asumiendo riesgos, demasiado inteligentes, inquietas, muy irregulares, igualmente (escogiendo) la vida marginal, la lucha y la oposición (….). Las mujeres Beat eran rebeldes con talento y con el suficiente coraje y espíritu creativo como para dar la espalda a la buena vida que los cincuenta prometían y abrirse paso en San Francisco y el Greenwich Village, mucho antes del feminismo de la segunda ola (…) esa disconformidad no era fácil. Ser soltera, poeta y artista, tener hijos de distinta raza, recorrer los caminos era doblemente escandaloso en el caso de las mujeres, y la condena social muy elevada”.


Había entonces diferencias entre los caminos que tomaban mujeres y hombres. Así, Ronna Johnson dice en una entrevista: “Los escritores Beat sentían el peso de la tradición literaria; tenían que encontrar una forma de diferenciarse de esa tradición. No creo que las mujeres sintieran esa obligación, o competición. No estaban buscando reinventar la literatura. Sus vidas y el simple hecho de escribir ya eran lo suficientemente radicales”. Las mujeres Beat fueron transgresoras con su misma participación en el movimiento. Gregory Corso dice “Había mujeres, allí estaban, yo las conocí, sus familias las metieron en instituciones, les dieron descargas eléctricas. En los 50, si eras hombre podías ser un rebelde, pero si eras mujer tus familias hacían que te encerraran” (en Kinght, 1996, p.141).


Las mujeres Beat, con toda la experimentación implícita en este movimiento, salieron del rol propuesto y esto llegó a ser peligroso para ellas. Así Diane di Prima dice en una entrevista con Anne Waldman en 1978:


“No puedo afirmar que muchas mujeres excepcionales fueron ignoradas en mi tiempo, pero sí puedo afirmar que muchas mujeres potencialmente excepcionales terminaron muertas o dementes (…). Algunas sufrieron de sobredosis y algunas se volvieron locas, y a una mujer con la que yo andaba por el Village, la mataron sus padres en el 53 cuando la sometieron a un tratamiento de electrochoque... no quiero despotricar sobre casos concretos, pero la amenaza de reclusión o de algún tipo de muerte temprana era más que plausible”. (En McNeil, 1996, p.193).


Experimentar con los roles de género socialmente asignados les trajo problemas no solo con la sociedad normativa en la que vivían, sino en el propio movimiento, ya que los hombres que pertenecían a éste no tenían ningún tipo de valor feminista y hubo muchas de ellas que cargaron con una maternidad en la que los hombres se excluyeron totalmente de sus responsabilidades. Hay que pensar que el modelo estadounidense de la época replegaba a las mujeres al ámbito doméstico y al matrimonio. Denise Levertov escribiría en su poema El dolor del matrimonio:


El dolor del matrimonio:

muslo y lengua, querido,

cargan con todo su peso,

palpita en los dientes

(...)

(en Beat Attitude)


Las mujeres Beat mantuvieron relaciones bisexuales, como es el caso de Diane di Prima y Elise Cowen, y transgredieron al hablar abiertamente de sexualidad en sus poemas o del aborto. Así, Diane di Prima, en su poema Estufa de latón que se apaga: Canción, después de un aborto, escribe,

(…)

quiero meterte en un frasco para enviárselo a tu padre

con una larga nota amarga, quiero que sepa

que no voy a perdonaros ni a ti ni a él porque no hayas nacido

por haberte evaporado, rindiéndote

a la primera de cambio

como si todo fuera una fiesta de alquiler

y alguien te pisara los pies

(…)

(en Quita tu cuello degollado de mi cuchillo)


Y transgredieron planteándose los roles de género, encontrando cierta fluidez en el mismo. Así, Hettie Jones en su poema Conductora temeraria, escribiría:

(…)

así que jóvenes mujeres

he aquí el dilema


en él la solución:


siempre he sido a la vez

tan mujer como para derramar lágrimas de emoción

y tan hombre

como para conducir mi coche en cualquier dirección.


(En Beat Attitude)


Elise Cowen


Elise Cowen nació en 1933 en Nueva York. Sus influencias fueron Emily Dickinson, T.S. Elliot, Ezra Pound y Dylan Thomas. Conoció a Allen Ginsberg y tuvo una relación amorosa con él que posteriormente se transformaría en una intensa amistad, hecho que ha desviado la atención de su obra literaria.


El sufrimiento psíquico acompañó a Elise durante al menos su juventud. Pero, en contraste con lo que supuso la locura para los hombres de la generación Beat, en la que pareciera que ésta abría horizontes a la creación; en las mujeres, la locura, llevaba al estigma. En 1962, tras un ingreso psiquiátrico, se suicida tirándose por una ventana.


Dada su corta vida, no encontramos obra autobiográfica y la información de su vida viene de la novela de Joyce Johnson, su mejor amiga, Come and Join The Dance y de sus memorias Minor Characters. Es Joyce quien nos habla de Elise como una persona extremadamente reservada y excéntrica que no parecía encajar en el modo de vida que se le proponía, de la que cuenta, era despedida por sus terapeutas, que le decían que no la podían ayudar y para quien escribir era una necesidad vital.


La poesía de Elise Cowen es un lugar para el recogimiento, en contraste con mucha poesía Beat, más expansiva, queriendo entregarse al universo. En contraste, los versos de Elise nos llevan a la sencillez, a la observación de lo cotidiano y desde ahí a lo trascendente y a lo espiritual.


Fue una escritora que valoró la intimidad y la soledad en su dedicación, también en contraste con los poetas de su generación, tan entregados a lo público y a la oralidad. Mucha de la obra de Elise fue destruida por sus familiares y allegados, por ser considerada obscena. Elise habla de sus relaciones lesbianas abiertamente. También de la muerte y de la locura.


La visión de Joyce acerca de la imposibilidad para encajar de Elise Cowen nos puede hacer pensar en la soledad que podría sentir ésta y el sufrimiento que esto conllevaría. No es de extrañar esa privacidad en la poesía de Elise que, aunque tuviera conexiones con la generación Beat, es posible que se sintiera rara incluso entre sus miembros. Tampoco extraña su necesidad por la poesía, con la que es posible construyera todos los fragmentos que su sufrimiento le debía ocasionar.




Elise Cowen. Poemas


[Extraídos de: Cowen, Elise (2023). Dejadme salir, dejadme entrar. Torremozas]


Querido Dios de los árboles inclinados de la Quinta Avenida

Tan solo vierte mi polvo obstinado hasta saciar tus venas

Y yo apisonaré tus mundos de vientre plano

Alabando pequeñas agonías

Succiona monstruos marinos de la Tierra del Fuego

Jode tu único sueño de cobalto engendrado

Para que se filtre placer dorado por el cielo ahíto de manzana

Que se filtre a través del pecado sin circuncidar mi corazón

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VIEJOS SUEÑOS

Camino llorando

Voy y vengo entre los cuerpos de los hombres muertos

Camino llorando entre los verdes soldados en la pradera de hierba

Enhebrando cuerpos muertos

Sola

Llorando

Me desperté llorando

Sola

En el negro parque el la cama

-----------------------------------------------------------------

Muerte, ya llego

espérame.

Sé que estarás

en la estación de metro

con tus botas, gabardina, paraguas, pañuelo en la cabeza

y tu única respuesta simple

a cualquier significado.

Institución incorruptible

Atenta aguafiestas de huellas dactilares

Escucha lo que ella dijo

“Hay un pasadizo entre las coles blancas”.

------------------------------------------------------------------------

Dos semanas al mes

loca a medias y libre a medias

Dos semanas al mes

ahogada en mí a medias

------------------------------------------------------------------

¿Me volví loca en el útero de mi madre?

Esperando

A salir

Mientras me muevo inquieta por los bordes

del punto perfecto del huevo

el diente mascado de un segundo

Esperando

A morir


El suelo nunca se levanta

y sale andando


En mi cerebro hay heridas del

movimiento que nunca se mueve

En mi cerebro hay heridas

de la incesante quietud


No quiero entonar

“Mira cómo sufre”

“Mira cómo sufre”

(La punzada en los ojos lo recuerda)

Eso no es exactamente, o solo, lo que

quiero decir – entre otras cosas no se me

permite sentir tanto

Tick tock


Pero que la verdad que intuyo

(Incluso si la SUPIERA)

es de TODO EL MUNDO

Y lo que no es, es un trapo a veces agitándose

con el viento en la ventana

de enfrente del patio de ventilación

Esperar aún más tiempo, con entusiasmo

Y que la Verdad, ¿no es solo el HECHO

de ESPERAR, el destello al final

de un striptease cósmico?


El yo

quiere alguna cosita para sí mismo

especial, una única palabra

tesoro

acto

perfección

belleza verdadera

que sea solo suya

Aunque solo sea para dar

solo para “Él esparce

en la calle las flores de sangre”

¿Amor? ¿Es esto dónde, qué, por qué

el amor, el amar ha estado todo este tiempo?


(No—pero algo hay de ello...

continuará)

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Quise un coño de placer dorado

más puro que la heroína

Para honrarte dentro

Un espacioso corazón donde quitarte

los zapatos y estirarte

La Anatomía del Amor

Oh, que fuera yo un

coño de placer dorado más puro

que la heroína o el cielo

Para honrarte dentro

Un corazón de cama doble como un

prado en Yosemite

Para que en él descansaras

Imaginación clara y activa como

pozas de marea soleadas

Para servirte buena charla con la cena

Un alma como tu rostro antes

de nacer

Para glorificarte dentro

pechos, cabello, dedos

toda la ciudad de mi cuerpo

En tus brazos toda la noche


Bibliografía

  • Belletto, Steven (2017). The Cambridge Companion to the Beats. Cambridge University Press.

  • Castelao-Gómez, Isabel y Natalia Carbajosa Palmero (2019). Female Beatness: Mujeres, género y poesía en la generación Beat. Universidad de Valencia.

  • Cowen, Elise (2023). Dejadme salir, dejadme entrar. Trad. Isabel Costelau-Gómez. Torremozas.

  • Di Prima, Diane (2021). Quita tu cuello degollado de mi cuchillo. Trad. Annalisa Mari Pegrum. Torremozas.

  • Knight, Brenda (1996). Women of the Beat Generation: The Writers, Artists and Muses of the Heart of a Revolution. Conari Press.

  • McNeil, Helen (1996). “The Archaeology of Gender in the Beat Movement”. En Lee, A. Robert (ed.), The Beat Generation Writers (pp. 178-199). Pluto Press.

  • Pegrum, Annalisa Mari (2015). Beat Attitude. Antología de mujeres poetas de la generación beat. Bartleby editores.



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