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Malas memorias de una loca dipolmada: patriarcado, cuerdismo e injusticia epistémica

Malas memorias de una loca diplomada es un texto de autoría anónima que se publicó en marzo de 1990 en fem, revista ícono de la prensa feminista mexicana que estuvo vigente del año 1975 al 2005. Escrito en primera persona, este breve texto fue publicado en el número 87 del año 14 (página no. 16).


Cuenta la historia de una mujer que, durante varios días, experimenta un malestar físico y emocional acompañado de cansancio constante, cuya causa orgánica no ha sido encontrada. A pesar de ello, sigue cumpliendo sus responsabilidades cotidianas que van desde el trabajo remunerado hasta la socialización con las amigas y los cuidados maternales. Al no cesar su malestar, se hacen finalmente presentes la autoridad y la complicidad entre su marido y el médico-psicoanalista (de ella), y se le notifica que será ingresada en un hospital psiquiátrico.

Una vez considerada y tratada institucionalmente como "mujer loca", la narradora se reconoce víctima de la infantilización, la involuntariedad y la deslegitimación cognitiva que supone el encierro manicomial (y, posteriormente, la discriminación laboral asociada). La revelación con la que su historia concluye es perfecta para ejemplificar la constante y peligrosa puesta en duda de los testimonios, tanto de lo femenino como de aquello que se ubica en el lugar de la locura. Lo que Miranda Fricker y otros autores han llamado "injusticia epistémica" y que se muestra en la frecuente asociación entre lo femenino y la psicosomatización; la fragilidad emocional, la irracionalidad, la locura y las mujeres.





Malas memorias de una loca diplomada


Nov. 29 - Estoy cansada... Quiero irme, quiero irme. La febrícola, como elegantemente le dicen los médicos, me agota. Los análisis han salido todos negativos. Nadie sabe qué tengo, nadie me ayuda.


Dic. 1º - Cada día estoy más cansada. Ya son casi tres meses de fiebre y nadie sabe qué tengo. Claro, sigo trabajando, después de todo 37 grados de temperatura no justifican que falte, pero cada día me siento peor. Rolando, mi psicoanalista y que es disque médico, tampoco sabe nada.

Dic. 11 - Quiero irme, quiero irme, ya no puedo más.


Dic. 13 - Ana María y yo comimos en su casa y ya no regresamos a la oficina. Vienen a su casa algunos amigos; platico con ellos pero me siento irreal, ajena, y sin embargo hablo, hablo mucho. Luego fui a recostarme, sintiendo, como astronauta perdida, que estoy flotando sobre la tierra. Esto me exalta, pero después quiero regresar. Me siento tan sola allá arriba.


Dic. 14. - Llegué a mi casa, me sentía muy agitada y pasé no sé cuánto tiempo besando a mis hijos dormidos, diciéndoles cuánto los quiero. Por fin logré dormir.

Dic. 15. - Cuando iba a salir a la oficina mi marido no me dejó. Le habló a Rolando, él me convenció y yo me acosté. Estoy rendida, confundo a la gente, me inyectan y me duermo. Concha me despierta, me ayuda a vestirme y me dice que me van a llevar a un sanatorio. Estoy atarantada y acepto.


Por fin llegamos, me recibe un médico que me hace repetir muchas veces mi nombre, luego el de mi marido, para volver a preguntar, ¿cómo se llama usted? Por fin entiendo, no dije señora de X, ergo, estoy loca.


Dic. 16. - Mi primera noche en el sanatorio me asusta, como si tuviera 5 años. Cuando amanece decido bañarme, vestirme y largarme. Veo un lavabo y empiezo a lavarme, pero dos enfermeras entran gritándome, yo me asusto y salgo a medio vestir al patio. La interpretación de los médicos fue que yo intentaba bañarme en la fuente. ¡Pendéciles!

Muchos días más: Por fin empiezo a sentirme un poco mejor. El fidelísimo Rolando me visita todos los días. Mi marido vino ayer. Pobre, estaba verde. Casi todos los días me manda flores. Sigo atarantada.


Dic. X. - No sé qué día me llevan ante una junta de médicos, después de hacerme pruebas psicológicas. Empiezan las preguntas sobre Rolando, que resulta ser un desconocido para los demás médicos. Poco tiempo después me sueltan, me dejan libre.


Enero. - Ya estoy en mi casa. Mis hijos y mi marido están sacados de onda. Regreso al trabajo. Entonces descubro que no puedo escribir; tengo las ideas, pero mi mano no obedece... y así sigo, por muchos días. Finalmente deciden correrme, porque estuve o estoy loca.


Febrero. - Mi amiga Rosa, médica competente, descubre que mi mal es fiebre de Malta.



Texto e imagen extraídos de: Archivo electrónico de fem, disponible en la base de datos del CIEG, UNAM: http://archivos-feministas.cieg.unam.mx/publicaciones/fem.html#fem

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Orgullo Loco 2019. Barcelona.

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