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Una mujer bajo la influencia de un hombre bajo la influencia...



Una mujer bajo la influencia es una película dirigida por John Cassavetes de 1974. Cassavetes es un director estadounidense de cine independiente que consiguió a duras penas financiación para esta película, en la que las interpretaciones son llevadas a cabo por su mujer (la magnífica Gena Rowlands que hace de Mabel), la madre del director que hace de la suegra de la protagonista (su suegra en la vida real real) y la propia madre de Rowlands (que hace de su madre a su vez en la ficción). Ninguna de estas dos últimas es actriz como profesional.


Hemos recogido este resumen de la película en la red:


Nick Longhetti (Peter Falk) tiene que cargar con la responsabilidad de cuidar a su mujer Mabel (Gena Rowlands) que padece inestabilidad emocional. Lucha sin descanso para mantener un ambiente de normalidad a pesar del anormal comportamiento de su mujer; sin embargo, llega un momento en que la situación afecta a sus hijos, de modo que no tendrá más remedio que tomar ciertas medidas.


Nuestro resumen de la película sería el siguiente:


Mabel es una mujer casada que se hace cargo de sus tres hijos y que experimenta el rechazo social y familiar por no ajustarse a los convencionalismos (por sus gestos y comportamientos en sociedad), particularmente los que se espera como adulta, esposa y madre. Su marido Nick, un trabajador de la construcción italiano, con frecuentes arrebatos de agresividad, “la quiere” como es, a la vez que la rechaza y maltrata por cómo es. Desde su autoritarismo patriarcal, y bajo la apariencia de una protección sobre ella y sus hijos, decide bajo la presión de su madre internar a Mabel en un hospital. Cuando regresa, Mabel ya no sabe cómo comportarse; desde su indefensión, solo sus hijos parecen comprenderla.


La película cuenta la historia de una familia de clase media-baja y refleja los márgenes del comportamiento aceptable para una mujer adulta casada y con hijos en la sociedad estadounidense de los 70. Durante toda la película, Mabel no deja de esforzarse por ser la esposa ideal y la madre perfecta según las normas sociales. Normas que chocan con su personalidad y forma de ser: excéntrica, espontánea, juguetona. Todo su entorno, especialmente su marido y suegra, quieren normalizarla, domesticarla: “Solo queremos ayudarte”. Pero cualquier esfuerzo por parte de Mabel, cae en un exceso artificial todavía más excéntrico que el espontáneo. Como se refleja en la escena en la que baila El lago de los cisnes con los brazos abiertos, Mabel es un espíritu libre y vulnerable, recuerda a Janet, la protagonista de Un ángel en mi mesa.


En la película sorprende el doble rasero que se utiliza para juzgar los comportamientos de Mabel (gestos “excesivos” ¿para quién?, sinceridad y emocionalidad sin filtro social, hablar sola, jugar con los niños como una niña sin importarle la mirada de ese padre “estirado” adulto) y los comportamientos de Nick (llevar a su casa a comer espagueti a todo su equipo de obreros sin avisar, hablar gritando con ataques de agresividad frecuentes, dar cerveza a sus hijos, preparar una fiesta cuando su mujer vuelve del psiquiátrico, etc.). Se habla todo el rato de la “inestabilidad” y los “nervios” de Mabel, pero no se interpretan como tales los gritos y la agresividad de Nick. En Mabel es locura; en Nick es “solo” una agresividad y brutalidad justificadas por su socialización como “macho” sin modales. “Locas y malos” ante la misma conducta, que diría Jane Ussher. El alcohol tampoco parece tener la misma interpretación en manos de ellas que en manos de ellos. A las locas se las interna; a los violentos se naturaliza su comportamiento como “orden” en el seno de una familia y un matrimonio patriarcal.


“Una mujer bajo la influencia” también es una película sobre un “varón bajo la influencia”. Es una película sobre masculinidades, no nos atrevemos a decir “obreras” o “italianas”, porque no creemos que los comportamientos agresivos de Nick sean exclusivos de clases bajas o de su cultura mediterránea. La película nos muestra la violencia “bienintencionada” de un patriarca, el “hombre de la casa” que “gana el pan”, y quiere que todo esté bajo su control y dirección (“¿ves lo que me haces hacer?”, le dice después de pegarle). También ocurría en el “fuera de campo”, o el fuera de escena: Se ha escrito que el propio director, con sus “particulares métodos” de dirección (como no avisar cuándo estaban grabando), provocó una especie de indefensión también en su mujer-protagonista que explica su magnífica actuación. Es en las largas escenas de mesa, tanto la de los espaguetis como la escena final cuando Mabel vuelve del psiquiátrico, donde percibimos de forma realista y angustiosa los mandatos de género, el doble vínculo y la comunicación paradójica de Nick sobre Mabel. Las escenas reflejan el mismo patrón: ella tiene comportamientos excéntricos, Nick se sienten avergonzado ante los demás, ella intenta ser “normal”, pero se excede, y ello vuelve a irritar a Nick.


La cena del regreso de Mabel a casa es especialmente violenta. No sabemos nada de la estancia en el hospital, pero sí que ha sido un evento traumático e involuntario para ella (que le ha separado de sus hijos). Una fiesta multitudinaria no parece el mejor recibimiento. Cansada, tiene que hacer frente, con los convencionalismos que tanto le agotan, a toda esa gente. Se esfuerza, quiere agradar a su marido, “¿lo hago bien?”, pero no es suficiente para Nick. Su poca empatía (siempre desde el “cariño y el amor”) le lleva a tomarla por la fuerza y llevarla aparte, no por cumplir su deseo de estar a solas con él y descansar, sino para recriminarle que no está “siendo ella”:


- Estoy contigo. No puedes hacerlo mal. (Nick)

- No sé qué hacer. (Mabel)

- Quiero que seas tú. Esta es tu casa. ¡Qué les den! Sé tú misma. ¡Venga! Sé feliz. (Nick)


Pero si “es ella” y expresa su necesidad ("me gustaría que os fuerais todos a casa”), no parece ser escuchada. Si es ella y cuenta un chiste, parece fuera de lugar para Nick. Él quiere una “conversación normal”, lo cual exige gritando. Ella lo intenta, hablando de lo que le ha pasado en el psiquiátrico, incluidos los electroshocks. Tampoco le vale. Él quiere una “conversación fácil”. Nick quiere a Mabel por su extraña personalidad y, a la vez, le avergüenzan sus comportamientos. Indefensa, se derrumba. Dentro de ese contrato sexual, que diría Carol Pateman, entre marido y padre en la familia patriarcal, ella parece pedir ayuda a su padre: “¿Te levantarías por mí?”. Pero la única que parece entender el mensaje es su madre.


- ¿No entiendes lo que nos está diciendo? (su madre)

- Siéntate, siéntate (padre)



Estrenada tres años más tarde que Family Life, parece contestar con su extraño título al final de la película de Ken Loach, donde un psiquiatra expone en un aula universitaria como caso de estudio a una “jovencita”, y afirma rotundamente: “que nosotros sepamos no hay ninguna conexión entre los síntomas y el entorno en el que ha vivido”. Cassavetes parece destacar con el título la importancia de la “influencia” del entorno social y familiar en el malestar y sufrimiento de la protagonista: “Sabéis que no he hecho nada en la vida salvo teneros, a ti, a ti y a ti”, le dice a sus tres hijos. Una mujer bajo la influencia de un marido maltratador “que la quiere”; éste también bajo la influencia de una sociedad patriarcal.

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